El Defensor Incansable: La semilla de la justicia
El día que Armich decidió convertirse en abogado
El sol de la tarde pintaba la sala con trazos dorados mientras Armich avanzaba con paso firme hacia el sofá donde sus padres lo esperaban. Sus miradas, llenas de curiosidad y esperanza, lo seguían en silencio. En el ambiente flotaba una pregunta no formulada, pero compartida por los tres. Había algo en la manera en que Armich respiraba, como si hubiese ensayado esa escena muchas veces sin querer.
“Armich, acércate y cuéntame si ya decidiste qué carrera seguir”, dijo su madre con un tono suave, aunque cargado de expectativa. No levantó la voz; no hizo falta. En casa, las decisiones importantes se decían sin prisa, como si el tiempo también debiera guardar respeto.
El joven, de complexión delgada pero fuerte, se detuvo frente a ellos. Sus ojos, siempre tan expresivos, brillaban con la determinación de quien lleva un fuego encendido por dentro. Por un instante miró el suelo, luego alzó la vista, como quien ya sabe que no se puede retroceder.
“Sí, mamá. Quiero ser abogado”.
Las palabras resonaron en la habitación con un peso que trascendía la simple elección profesional. No se trataba de una decisión improvisada ni de una influencia pasajera. Para Armich, aquella respuesta era la culminación de un proceso interno que había comenzado años atrás, en uno de los episodios más duros de su vida.
Su padre soltó un leve suspiro y esbozó una sonrisa cómplice. La revelación no lo sorprendía del todo. Desde pequeño, Armich había mostrado una sensibilidad especial frente a las injusticias, una necesidad casi instintiva de intervenir cuando alguien era tratado con crueldad. Sin embargo, la firmeza con la que ahora hablaba superaba cualquier expectativa.
Armich cerró los ojos por un instante y, como si se abriera una puerta en su memoria, regresó a aquel día que marcó su destino. No fue un recuerdo difuso: volvió con nitidez, con el olor del patio, con el ruido de las zapatillas sobre el cemento, con la risa que no era risa sino burla.
El patio del colegio
Había sido una mañana calurosa. El patio del colegio bullía de voces y risas hasta que, de pronto, el caos se impuso. Desde la ventana de su aula, Armich vio a su mejor amigo, John, acorralado por un grupo de estudiantes mayores. Los empujones, los insultos y las risas crueles se sucedían sin que nadie interviniera.
Sin pensarlo, salió corriendo. El cuerpo se movió antes que la razón, como si el instinto supiera lo que venía. Mientras bajaba las escaleras, sintió el corazón golpeándole el pecho y una idea punzante: si nadie hacía algo, aquello quedaría como una costumbre.
“¡Esto no puede quedar impune!”, gritó Armich mientras se interponía entre John y sus agresores. Apenas notó la sangre que comenzaba a deslizarse por su ceja. Luego, con la voz entrecortada por el aire y la rabia, añadió: “¡Están violando nuestros derechos!”.
Los matones lo miraron con desprecio, sorprendidos por su audacia. La respuesta fue inmediata: un golpe en el estómago, una patada en la espalda. El dolor fue intenso, pero Armich se mantuvo en pie. No retrocedió. Sabía, con una certeza incómoda, que alguien debía detener aquello, aunque ese alguien terminara pagando el precio.
Los gritos alertaron a la secretaria del colegio, quien, presa del miedo, llamó al director. Minutos después, él llegó al patio y se encontró con una escena que lo dejó sin palabras: Armich, herido, protegiendo a John, rodeado de agresores. La sangre y los moretones eran evidentes, pero su reacción inicial fue evasiva.
“Aquí no ha pasado nada grave”, dijo el director, con una sonrisa tensa y un gesto nervioso. Habló rápido, como quien intenta cerrar una puerta antes de que el ruido se escuche desde afuera. Los agresores bajaron la mirada apenas un segundo; John seguía quieto, con la respiración corta.
Armich se incorporó como pudo. La rabia y la indignación le recorrían el cuerpo, pero su voz salió firme. No fue una valentía impecable; fue una valentía con miedo, con dolor y con una convicción que nacía en ese mismo instante.
“Director, usted tiene la obligación de actuar. La convivencia sin violencia no puede quedarse en un lema. Debe proteger a los estudiantes y sancionar a los responsables”.
El silencio fue inmediato. El director parecía debatirse entre preservar la imagen de la institución o reconocer la gravedad de lo ocurrido. La determinación de Armich, erguido pese al dolor, inclinó la balanza. Finalmente, prometió investigar los hechos, sancionar a los agresores y evitar que algo así volviera a repetirse.
Para Armich, esas palabras significaron algo más que un compromiso institucional. Fueron la primera señal de que la justicia, aunque frágil, podía abrirse paso si alguien tenía el valor de exigirla. Aun así, en el fondo, supo que una promesa no bastaba: había que sostenerla después.
Cuando la ambulancia se llevó a John para atender sus heridas, Armich permaneció unos minutos solo en el patio. El miedo, el dolor y la indignación latían en su pecho con una intensidad desconocida. Recordó cómo le temblaban las manos al ver a su amigo indefenso y comprendió que esa vulnerabilidad podía transformarse en fortaleza.
Si existían leyes para proteger a los más débiles, alguien debía asegurarse de que se cumplieran. No solo en discursos, no solo en carteles pegados en un pasillo, no solo cuando era conveniente. Ese día, lo supo con claridad.
De vuelta a casa
El recuerdo se desvaneció y Armich volvió a la sala de su casa. Sus padres lo observaban con una mezcla de orgullo y emoción. En sus miradas había preguntas nuevas, como si intuyeran que, detrás de esa elección, había una historia que todavía no se había contado del todo.
“¿Abogado?”, repitió su padre. “¿Estás seguro?”. No sonó a duda hiriente; sonó a cuidado. La clase de pregunta que se hace cuando uno sabe que el camino será largo y no quiere que el otro lo recorra a ciegas.
Su madre se acercó y apoyó una mano en su hombro, como cuando era niño y volvía a casa con las rodillas raspadas. Esta vez, la herida era distinta. Era una marca que no se veía, pero que ya había empezado a definirlo.
“Estoy convencido. Quiero defender a quienes no pueden defenderse. No quiero que nadie más pase por lo que pasó John”. Lo dijo sin dramatismo, como si estuviera describiendo una necesidad simple. Y, sin embargo, en esa frase cabía todo: el miedo, la promesa y la vida que venía.
El silencio se llenó de significado. Sus padres lo abrazaron, conscientes de que su hijo había encontrado un propósito. Sabían que el camino sería exigente, lleno de estudio, sacrificios y obstáculos, pero también entendían que Armich estaba preparado para recorrerlo, incluso cuando dudara de sí mismo.
Al retirarse a su habitación, sintió la misma energía que aquel día en el patio del colegio. Cada latido reforzaba su decisión. Aferrado a su sueño, comprendió que su viaje apenas comenzaba.
Mientras su silueta se perdía al final del pasillo, Armich tuvo una certeza inquebrantable: si la justicia existía, él estaba dispuesto a luchar para hacerla realidad.
Preguntas para estudiantes
- ¿Cuál fue el evento clave en la vida de Armich que lo llevó a decidir estudiar Derecho y convertirse en abogado?
- ¿Qué ley peruana menciona Armich para enfrentar a los matones y recordarles sus responsabilidades legales?
- ¿Qué papel juega el director del colegio en la situación de acoso escolar, y cuál es su responsabilidad según la ley mencionada?
- ¿Cómo demuestra Armich su ingenio y valentía al enfrentarse a los matones y proteger a su amigo John?
- ¿De qué manera influyó el apoyo de los padres de Armich en su decisión de seguir la carrera de Derecho?
- ¿Cuáles son las características más notables de Armich que lo convierten en un personaje fuerte y decidido en la historia?
- ¿Qué emoción o sentimiento predomina en Armich cuando confronta al director del colegio por su negligencia en proteger a John?
- ¿Por qué es importante que Armich ingrese a la universidad para estudiar Derecho en relación con su deseo de luchar por la justicia y proteger a los más vulnerables?
- ¿Cómo podría la experiencia de Armich en el colegio y su conocimiento de las leyes aplicables ayudarlo en su futura carrera como abogado?
- ¿Qué desafíos y oportunidades puede enfrentar Armich en su camino para convertirse en un abogado exitoso y defensor de los más necesitados?

